Narración VII: Elementos del Ritmo Interno

Página oficial del escritor Alejandro Maldonado

Narración VII: Elementos del Ritmo Interno

En esta entrada acerca de la Narración hablaremos del ritmo interno, un elemento clave para transmitir de manera adecuada la dinámica de las escenas de nuestro texto al lector.

¿Qué es el ritmo?

Cuando hablamos de ritmo en narrativa, estamos hablando de la velocidad a la que ocurren los hechos en el texto, es decir, cuántas cosas pasan en una determinada extensión de texto. Antes de entrar en recursos para regularlo, tenemos que tener muy claro que el ritmo es tan crítico que puede llegar a alterar el sentido del texto.

Por ejemplo, una escena con ritmo rápido transmitirá prisa, angustia o ansiedad, será mucho más emocional, mientras que si esa misma escena la narramos con ritmo lento podemos llegar incluso a transmitir despreocupación, indiferencia o calma, afectando de manera radical a nuestro texto. Por ello debemos tener mucho cuidado con el ritmo que elegimos para cada tramo del texto.

Ritmo Interno VS Externo

En obras más complejas, como es el caso de la novela o el teatro, debemos atender a dos ritmos:

  • Ritmo interno: es el ritmo del texto en sí, es decir, el que encontraríamos en el texto de cada capítulo, acto, etc. Es el que más directamente va a percibir el lector.
  • Ritmo externo: es el propio de la estructura de la obra. Para trabajar con él en una novela podemos por ejemplo valernos de un breve resumen de cada uno de los capítulos y observar cómo evoluciona la historia de uno a otro. Es independiente del ritmo interno.

Elementos rítmicos internos

Descripción

Este elemento es el más lento del texto, pues mientras describimos, salvo que intercalemos algún tipo de acción, en cuyo caso sería una mezcla de escena y descripción, el tiempo se congela, el texto avanza pero no la historia.

Es muy común ver en obras del siglo XIX (no digamos anteriores) como las novelas de Julio Verne o Víctor Hugo, o en general obras del Realismo y Naturalismo literarios largas descripciones en las que todo se congela durante páginas enteras. Esto se debe a que en aquella época y en este tipo de subgénero literario lo crucial era la precisión de la narrativa, pero hoy en día por lo general vamos a buscar trasladar el foco a la propia acción, limitando la descripción a aquellos elementos concretos que sea especialmente importantes para una escena concreta, detalles que afecten a la manera de reaccionar del personaje o que sean críticos para entender la acción.

Ejemplos de esto último pueden ser la distancia entre el personaje y la puerta de salida en un incendio, la ropa en una escena erótica o determinados elementos en los que nuestro personaje centre su atención distrayéndose del resto, como puede ser el caso en que nuestro protagonista se quede ensimismado viendo la escena de un robo y no se dé cuenta de que está en mitad de la calle y un coche se dirige hacia él. Tendremos que justificar al lector qué impacta tanto del robo al protagonista para ponerse en peligro sin darse cuenta.

Resumen

Este tipo de elemento suele emplearse para dar saltos en la historia en poco espacio de texto. Por ejemplo, si estamos trabajando en una escena y vemos que llegamos a un punto en el que las horas siguientes van a llenarse de acciones intrascendentes que solo harían más pesado nuestro texto sin aportar realmente a su contenido, podemos saltárnoslas introduciendo un elemento de resumen, como podrían ser:

Unas copas más tarde...

O si queremos más nivel de detalle:

Mientras avanzábamos por los platos del menú de degustación, bombardeados por todas las preguntas que se les podrían ocurrir a sus padres...

Escena

Este es el elemento más dinámico de los tres. En él ocurre la acción y la percepción que tiene el lector se basa en que el texto pasa en tiempo real, los hechos se recrearán en su mente como si pasaran a la misma velocidad a la que los lee. Si utilizamos mucho texto para crear una acción para el lector pasará despacio, y al revés si el texto es breve. Con esto modularemos la velocidad a la que suceden los acontecimientos en nuestra obra.

En muchas ocasiones podemos intercalar pequeños elementos descriptivos dentro de la escena. Esto hará que las descripciones de elementos críticos para la obra aparezcan de manera mucho más dinámica y el texto sea más ágil, pero tenemos que tener en cuenta que al mismo tiempo estamos lastrando la velocidad de la escena en la que los estamos incorporando.

En la próxima entrada de cómo escribir en el blog de Novedades hablaremos de algunas herramientas para regular el ritmo interno y hablaremos también del ritmo externo. ¡Hasta la próxima!

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