Días de Esparto

Página oficial del escritor Alejandro Maldonado

Días de Esparto

Resumen

¿Alguna vez te has preguntado acerca del libre albedrío? ¿De verdad eliges lo que ocurre en tu vida o está ya todo decidido antes de que lleguemos al mundo?

En esta obra, Alejandro Maldonado plantea este mismo debate desde el interior de la mente de los personajes. Ambos conviven con una realidad oscura, pero toman caminos diferentes. ¿Será también distinto el resultado de sus acciones?

La portada de esta obra ha sido creada a partir de fotografías del propio autor


Fragmento de la Obra

Extracto del Capítulo 5

Lo único que no me gusta de la lluvia son los felpudos. Se hace frustrante frotar los
pies contra ellos y ver que la suela sigue exactamente igual de mojada y sucia que antes.
Es más efectivo arrastrar los zapatos por el suelo que por el felpudo. Dan ganas de
quedarse en la calle y esperar a que salga el sol y te seque por no luchar inútilmente
contra el menos efectivo de todos los limpiabotas. Ni siquiera el frío es bastante para
hacerte volver. De repente la vida es esto, la vida es lluvia y frío, es recuerdo de cuando
vivías de verdad, es humedad calando los huesos, es tiritar con las manos metidas en un
charco y un barquito improvisado con cualquier cosa que no puede evitar hundirse, es
volver a ser un niño. Eso es lo maravilloso de la lluvia, que te deja volver a ser niño,
como la nieve. Estos días son más alegres que los soleados. Nunca entenderé a la gente
que odia el “mal” tiempo, y menos al hombre del tiempo empatizando con ella.

Maldita sociedad encerrada en sus propios clichés, si al menos no los tomara como
dogma para la vida… “La Doctrina Social” enseña que hay que huir de la lluvia, aunque
tengas paraguas o chubasquero o impermeable o capucha, hay que huir igual tengas lo
que tengas. La gente corre por la calle con el paraguas, eso y llevar el paraguas cerrado
es la única forma de mojarse con uno en la mano, pero corren, porque lo dice “La
Doctrina Social”, la obsesión del mundo por la inercia en contra de la lógica, el sentido
común y la felicidad. Lo delirante es ver la cantidad de gente que lo sigue como si fuera
lo más coherente. Como comer helados en verano porque uno tiene calor, para que al
rato el organismo reaccione generando calor para estabilizar la temperatura, y entonces
entra más calor y se comen más helados, hasta que uno muere de golpe de calor, porque
quiso comer helados en verano. O la manía de servir las bebidas isotónicas frías, de
modo que la mitad de las calorías que tu cuerpo procesa de la botella se van en
recuperar la temperatura, pero el caso es que la gente no las quiere del tiempo, porque
refrescan. Refrescan un par de minutos la boca y después se olvidan y deciden que ha
subido la temperatura y que la culpa es del cambio climático y del Sol. Mejor seguir “La
Doctrina Social” que pensar, por si acaso se descubre algo nuevo, como la verdadera
profundidad de la vida o el significado de la palabra “felicidad” por ejemplo, esas cosas
que “La Doctrina Social” enseña que son importantes pero que se encarga de definir del
modo más inexacto posible de forma que la gente solo piense que es demasiado
complicado para saber en qué consiste, así que mejor no pensar en ello, y eso es lo que
se transmite de generación en generación, que pensar es una pérdida de tiempo, y mejor
fiarse de la enfermiza imposición dogmática de “La Doctrina Social” aprendiendo desde
pequeños a estar de acuerdo con ella en lugar de decidirlo uno por sí mismo con el
tiempo y la madurez. Luego nos quejaremos de que hay crisis. ¿Pero cómo va a ir algo
bien si ni siquiera sabemos qué queremos? Inercia, todo es inercia social e imposición
dogmática de lo que alguien pensó tiempo atrás, como si fuera eso más importante que
lo que piensa uno mismo, como si fuera mejor mojarse corriendo con un paraguas que
hacerlo tranquilamente sentado en este banco y sentir la lluvia cálida que se enfría en el
cuerpo mientras la gente corre, aterrada porque la lluvia les moja cuando es lo mejor
que tiene la vida.


Acerca de la Portada

La portada de esta obra es una composición de dos fotografías por edición: una de un nudo realizado con una cuerda de cáñamo y otra de una vista de Nueva York desde lo alto de la Torre Rockefeller, viéndose en la fotografía completa original una vista de Central Park.

Motivación

Como apreciará el lector a lo largo de la obra, hay múltiples referencias en las que, por un lado, la sociedad empuja al individuo incomprendido al abandono y la muerte social; y por el otro, la sociedad adopta conductas suicidas con el único fin de adoctrinar al individuo para su control político y explotación económica.

Todo esto es lo que se quiere plasmar con la composición de la portada, además de otras alusiones a elementos del libro, como es la referencia al esparto, tejido empleado con muchos fines, entre otros la fabricación de cuerdas, que no aparece exclusivamente en el título, como podrá descubrir el lector.

Realización

Fotografía de la Soga

Esta fotografía se realiza a escala, superponiendo una cuerda de cáñamo anudada con un nudo corredizo sobre una carpeta negra, que proporciona al fondo una ligera textura, intentando que el efecto no sea un negro liso, sino un entorno tangible, en un intento por aludir a la aproximación que hace el autor a través de esta obra a una realidad que, aunque oscura y difícil, no será por ello menos real.

FechaPunto fExposiciónISODistancia focal
22/09/2011f/4’81/50s80055 mm
Datos técnicos de la fotografía de la Soga

Fotografía de Nueva York

Esta fotografía se realiza aprovechando la característica temperatura de color que otorga el atardecer en combinación con la iluminación de los edificios de oficinas neoyorquinos. El ajuste manual del balance de blancos permite exprimir este contraste entre tonos azulados y grisáceos con los anaranjados de las ventanas.

FechaPunto fExposiciónISODistancia focal
08/08/2011f/3’51/10s20018 mm
Datos técnicos de la fotografía de Nueva York